Ese momento al que todos los padres tememos, pero que al mismo tiempo anhelamos que suceda, es un proceso ambivalente, porque significa que nuestros hijos están creciendo y son cada vez más autónomos, lo cual nos da emoción y nostalgia.

Lo más importante que debemos entender de esta etapa es que es un proceso natural, y que los niños van a poder controlarlo según su madurez. Nosotros no les enseñamos a hacer pipí ni popó, sino que los acompañamos durante el proceso y los ayudamos cuando se atoran.

Este proceso debe ser tomado de la misma manera que vemos el gatear, caminar, hablar, etc. Entendiendo que cada niño va a su propio ritmo, si nosotros presionamos, el proceso puede ser frustrante para ambos, y por ende puede ser muy difícil y tardarse más de lo que esperamos. Este momento debe ser tomado con paciencia y mucho amor.

Psic. Pamela Guiza Jáuregui

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